martes, 8 de septiembre de 2009

Septiembre 8 Que muera el ego y que viva la unidad


Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
salmo 133: 1

Todos tenemos nuestras propias opiniones. De hecho, todos creemos tener razón. Mi deporte predilecto es el fútbol, y una de mis debilidades es que cuando sucede algo en el partido y empieza la discusión, siempre creo llevar la razón. Sé que la mayoría de las veces me equivoco, pero la cuestión es que todos queremos tener la razón.
Cuando sostenemos un punto de vista, queremos que los demás estén de acuerdo con nuestra opinión, porque si no lo están sentimos que lo que entra en juego es nuestro orgullo personal. Así es que siempre vamos a procurar manipular a la otra persona para hacer que esté de acuerdo con nosotros. Sin embargo, el hecho de querer que las personas que nos rodean coincidan siempre con nosotros es algo que no agrada a Dios.
Por eso la unidad del Espíritu es uno de los logros más grandes. La unidad del Espíritu no es natural; es sobrenatural. Por eso no puede ser explicada naturalmente ¿A qué me refiero con esto? Cuando nos encontramos con una persona muy ambiciosa para lograr el éxito, sentimos celos y experimentamos sentimientos negativos en contra de ella por el hecho de que nosotros queremos ser más exitosos que todos los demás. Pero la unidad del Espíritu es algo magnífico, porque implica que somos dominados por un poder más fuerte que el yo. Cuando estamos dominados por el Espíritu hacemos a un lado lo que una vez fue natural, y, cuando queramos imponer nuestra opinión, escucharemos con calma la opinión de los demás, y, si hay que estar de acuerdo con ellos, lo aceptaremos. Esto implica que si Dios les entrega el éxito antes que a nosotros, nos gozaremos con la otra persona y alabaremos a Dios por lo que hasta el momento hemos alcanzado.
Estar dispuestos a deshacernos de nuestro propio orgullo y respetar la opinión de los demás es la base de la unidad. Hay tres razones por las cuales la unidad es indispensable para cada uno de los hijos de Dios.
1. Siempre hay bendición donde hay unidad (Sal. 133: 3).
2. La unidad es una de las armas más temidas por Satanás. El vendrá como ángel de luz para tratar de causar división entre nosotros, y entre nosotros y Dios. Cuando estamos en la unidad del Espíritu, ios intentos del enemigo son inútiles.
3. La unidad en el Espíritu no es un asunto opcional en los hijos de Dios.
Dios quiere que cada uno de sus hijos posea un espíritu de humildad y aceptación de los demás. Estar unidos con Dios a través del Espíritu Santo nos transforma y nos ayuda a convivir y a aceptar a los demás aun cuando están equivocados. Todos somos un cuerpo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Septiembre 7 ¿Es pecado dudar?



Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: "¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?"» Lucas 7: 20

¿Cómo es posible que un hombre de la estatura espiritual de Juan el Bautista haya dudado? Si escuchó la voz de Dios confirmando que Jesús era su Hijo amado, ¿por qué tiempo después dudó de que lo fuera?

No hay excusa ni justificación para la duda de Juan el Bautista, pero sí hay una explicación: Seguramente el aislamiento y la soledad de la oscura celda abrumaron su mente y agotaron su resistencia espiritual. Además, no comprendía totalmente la misión del Salvador; por eso no comprendía su actitud. Muchas preguntas sin respuesta abrumaban su alma: ¿Por qué Jesús no se da a conocer como el Mesías? ¿Por qué no busca el apoyo de los dirigentes de la nación? ¿Por qué no ha venido a visitarme ni antes ni ahora que estoy prisionero? ¿Y si no es el Hijo de Dios? ¿Y si no es el Mesías? ¿Y si no salgo de la prisión?

Afligido y abrumado por estas preguntas sin respuesta, envió una comisión a entrevistarse con el Salvador. La pregunta que debían pedirle que contestara era muy significativa: «¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?»

La duda no es pecado, pero los cristianos no deben permitir que la duda anide en su mente, porque, aunque no sea pecado, la duda conduce al pecado. ¿Qué hace que un cristiano dude? El pecado y la culpa pueden llevarlo a pensar que Dios no está de su lado. También la influencia negativa de otras personas puede inducirlo a dudar. Los fracasos pasados y las expectativas equivocadas para el futuro conducen a la duda. Pero la razón principal por la cual muchos cristianos dudan es porque no tienen un conocimiento experimental de Dios en su Palabra.

Para vencer la duda y ser fuerte y valiente, el cristiano debe llevar grabadas en lo más profundo de su corazón y de su mente las verdades eternas de la Palabra de Dios. Eso significa mucho más que una lectura casual de la Biblia. Significa leerla, estudiarla, escudriñarla y reflexionar en su significado. Es preguntarle al Señor: «Padre, ¿qué me dices personalmente en este pasaje? Muéstrame cómo aplicar estas verdades a mi vida». No hay nada mejor para fortalecer la fe que conocer la Palabra de Dios. Ruega al Señor en oración que te ayude a vencer cualquier sombra de duda que se haya levantado en tu mente. Cree que Dios dirige tu vida y que dirige a su iglesia. Cree que al final todo saldrá bien.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Septiembre 6 Piensa para responder




La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.
proverbios 15:1


Muchas veces se ha visto en la historia de los pueblos y de los individuos la ver­dad de esta declaración. Hay un ejemplo en la Biblia de la respuesta prudente y blanda de un hombre que evitó una crisis de proporciones insospechadas.

Cuando Gedeón volvió de la derrota de los madianitas, cuando estaba empeñado en la captura de Zeba y Zalmuna, los dos reyes invasores de Israel; los hombres de Efraín vinieron a reclamarle con ira y en son de amenaza: «¿Qué es esto que has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián?» Que. 8: 1). Fijémonos en esta declaración: «Y le reconvinieron fuertemente». Toda una insolencia. Sin embargo, observemos la respuesta prudente y conciliadora de Gedeón:

«¿Qué he hecho yo ahora comparado con vosotros? ¿No es el rebusco de Efraín me­jor que la vendimia de Abiezer? Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb, príncipes de Madián; ¿y qué he podido yo hacer comparado con vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta palabra».

Consideremos la sabiduría de su respuesta. En primer lugar, fue, como dice la Biblia, blanda, cuidadosa, bien pensada. En segundo lugar, fue humilde. Disminuyó la importancia de sus logros y evaluó generosamente (por no decir que exageró) los logros de ellos. «¿Qué hecho yo comparado con vosotros?» Y fue más allá todavía. Puso una ilustración muy elocuente: «El rebusco de Efraín es mejor que la vendimia de Abiezer». La tribu de Efraín es grande y poderosa. La familia de Abiezer, a la que pertenecía Gedeón, no es nada.

Los soberbios son egoístas, y los egoístas son necios. El sabio Salomón aconseja responderles conforme a su necedad: «Responde al necio como merece su necedad» (Prov. 26: 5). ¿Qué hizo Gedeón? Decir lo que esperaban escuchar, no la verdad ni lo que los ennobleciera, sino lo que satisficiera su ego. Como lo que los impulsaba era su ego, entonces si este quedaba satisfecho y, según ellos, en su debido lugar, se dieron Por satisfechos.

El cristiano sabio nunca busca la satisfacción de su ego. Procura oír solo palabras sabias, verdaderas, edificantes, inspiradoras; no las que halaguen su vanidad. Por eso el cristiano es pacificador por naturaleza. Porque puede dar a cada uno lo que le corres­ponde. Puede, incluso, dar al necio lo que quiere oír.

Seamos cuidadosos hoy con nuestras palabras. Sobre todo, si se necesita una res-Puesta que apague el fuego de la ira de cualquiera.

Curiosidades bíblicas y mucho mas.... “La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir y obedecer al hombre…” Knox ...