sábado, 20 de marzo de 2010

Marzo 20 La confesión al prójimo



Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 20 La confesión al prójimo

Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonara y nos limpiara de toda maldad (1 Juan 1: 9).

LA CONFESION DEL PECADO es solo un aspecto del plan de Dios para ayudar a solucionar el pecado y sus consecuencias en la vida humana. Frecuentemente, el pecado no es contra Dios solamente, sino que hay otras personas a quienes nuestras faltas pueden afectar. El plan divino de la confesión requiere, si ha de haber sanidad total, que se haga confesión, no solo a Dios, a quien ofende toda falta, sino también al prójimo.

Esta es la razón por la que la Palabra de Dios nos dice: «Por eso, confiésense unos a otros sus pecados [...] para que sean sanados» (Sant. 5: 16). La confesión tiene en si el poder de restaurar heridas. Es parte del plan divino que los seres humanos arreglen sus problemas unos con otros, a fin de hallar paz con el prójimo y con Dios.

A veces es más fácil confesar a Dios nuestros pecados, que pedir perdón a quienes hemos ofendido. Hacer esto requiere humildad y valentía. Por eso, hay personas que evitan el encuentro con su prójimo al ir directamente a Dios. Pero el Señor sabe que eso no nos va a ayudar a solucionar plenamente el problema. Por eso recomendó: «Por lo tanto, si estas presentando tu ofrenda en el altar y alii recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofren¬da alii delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda* (Mat. 5: 23, 24). Dios no puede aceptar la confesión hecha a él si hemos pasado por alto a nuestro prójimo.

La confesión tiene otro aspecto difícil que hace que muchas personas la quieran pasar por alto. Cuando la falta es privada, debe confesarse privadamente; pero cuando la falta es pública debe hacerse públicamente. Si hacer una confesión privada requiere humildad y valor, la confesión pública lo re¬quiere en mayor grado. Esta es la razón por la que no escuchamos muchas confesiones públicas.

viernes, 19 de marzo de 2010

Marzo 19 La confesión



Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 19 La confesión

Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón (Proverbios 28: 13).

EL SIGUIENTE PASO EN EL PROCESO de la justificación es la confesión del pecado. Uno se pregunta: ¿Por qué es necesaria la confesión? ¿No sabe Dios todo acerca de mi, que todavía necesito hacer una confesión? Es probable que la confesión haya sido ideada por Dios para darnos sanidad mental y espiritual. El pecado y su convicción producen tal daño en la conciencia humana, que nos destruye interiormente. Dios ideo la confesión como paso fundamental para emanciparnos del complejo de culpa, y capacitarnos para vencer el mal que hay en nosotros.

Para que la confesión cumpla estos propósitos, debe ser guiada por el Espíritu de Santo. Porque así como hay una confesión genuina, hay una que es falsa. La confesión arrancada a la fuerza, o la que se hace cuando hemos sido descubiertos y no tenemos otra alternativa, no es la confesión a la que nos guía el Espíritu de Dios. No tiene ningún valor sicoterapéutico, ni produce sanidad espiritual.

En el antiguo santuario hebreo aparecen ya los elementos básicos de una confesión genuina. Leemos: «Si alguien resulta culpable de alguna de estas cosas, deberá reconocer que ha pecado y llevarle al Señor en sacrificio expiatorio por la culpa del pecado cometido, una hembra del rebano, que podrá ser una oveja o una cabra. Así el sacerdote hará expiación por ese pecado» (Lev. 5: 5, 6). La confesión debe ser voluntaria, estar basada en un genuino reconocimiento de culpa, ser especifica y aceptar la provisión de expiación hecha. El culpable confesaba su pecado poniendo sus manos sobre la víctima, y luego la degollaba para la expiación de su pecado. Después de esta ceremonia, el oferente regresaba a su casa con una conciencia libre de culpa. La confesión le daba higiene y sanidad mental.

Cuando se hace una confesión precisa del pecado, ocurren varias cosas en la mente del individuo involucrado. Tiene que recordar lo que hizo, lo cual lo lleva a recordar hechos y circunstancias. Esto lo capacita para estar alerta la siguiente vez, y lo prepara para vencer.

jueves, 18 de marzo de 2010

Marzo 18 Arrepentimiento genuino



Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 18 Arrepentimiento genuino

Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu
Inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad
Y límpiame de mi pecado (Salmo 51: 1, 2).

EL HECHO DE QUE DIOS NOS GUIE al arrepentimiento nos habla de la incapacidad de los seres humanos para regresar a Dios. Por nosotros mismos no somos capaces de producir las condiciones necesarias para arrepentirnos. Dios, por su Espíritu, tiene que guiarnos; y si accedemos a esa guía, va a producir en nosotros el arrepentimiento que él quiere.

Veíamos anteriormente que hay dos clases de arrepentimiento, el genuino y el falso. Dios quiere guiarnos al arrepentimiento genuino, que es el único que califica para que Dios nos acepte. Como nosotros no podemos arrepentirnos por nuestra cuenta, cuando intentamos hacerlo caemos en un falso arrepenti¬miento, que Dios no aprueba. Eso fue lo que les paso a algunas personas mencionadas en el relato bíblico. Forzaron un arrepentimiento sin la ayuda de Dios, y cayeron en el falso arrepentimiento. Dios es el único que capacita para el arrepentimiento verdadero.

Lo que sucede es que Satanás es el maestro del engaño y la falsificación, y hace creer a ciertas personas que están arrepentidas, cuando no lo están realmente. Ya vimos que el falso arrepentimiento es una tristeza que se enfoca en la pena y el castigo, no en el pecado mismo. Por el contrario, el genui¬no arrepentimiento produce una tristeza por el pecado cometido, y le pide a Dios un nuevo corazón, es decir, una mente nueva.

El ejemplo clásico de un arrepentimiento verdadero lo hayamos en la experiencia del rey David: «Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado, solo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable [...]. Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu” (Sal. 51: 3, 4, 10, 11). «Efectuar un arrepentimiento como este, está más allá del alcance de nuestro propio poder; se obtiene solamente de Cristo» (El camino a Cristo, p. 23).

miércoles, 17 de marzo de 2010

Marzo 17 Agobio por el pecado



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El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 17 Agobio por el pecado

Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse,
Porque el reino de los cielos esta cerca» (Mateo 4: 17).

RESULTA INTERESANTE QUE, desde el punto de vista bíblico, Dios es el que produce el arrepentimiento. Veamos: «Por su poder, Dios lo exalto como Príncipe y Salvador, para que diera a Israel arrepentimiento y perdón de pecados» (Hech. 5: 31). «Al oír esto, se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo: "¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arre¬pentimiento para vida!"» (Hech. 11: 18).

Debemos entender el lenguaje bíblico. El hecho de que Dios produzca el arrepentimiento, no quiere decir que él hace que los hombres se arrepientan aun contra su propia voluntad; como si Dios lo forzara. Si así fuera el caso, entonces Dios obligaría a las personas a arrepentirse, lo que evidentemente no es cierto, porque Dios respeta el libre albedrio que nos concedió en la creación. También esto vale para lo opuesto: nadie puede acusar a Dios de parcialidad por no haber provocado el arrepentimiento en su corazón.

Lo que la Biblia quiere decir es que Dios guía al arrepentimiento. Notemos: « ¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?* (Rom. 2: 4). Dios, en su infinita bondad, quiere guiar a todos al arrepentimiento. Como él no fuerza a los seres humanos, hay muchos que no desean arrepentirse. Dios quisiera que todos se arrepintieran, pero respeta la decisión de cada uno. Es en este contexto que los llamamientos divi¬nos al arrepentimiento tienen razón de ser. Dios invita, pero no fuerza. Después de todo, la salvación es una oferta, no una imposición. Podemos oír su llamado, y aceptar o rechazar su invitación.

El agente divino para guiarnos hacia el arrepentimiento es el Espíritu Santo. Es el representante de la divinidad que llama a nuestra conciencia al arrepentimiento. Es extremadamente importante no cerrar nuestra concien¬cia a su llamado insistente.

martes, 16 de marzo de 2010

Marzo 16 Arrepentimiento


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El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 16 Arrepentimiento
Entonces el faraón mando llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: «Esta vez
Reconozco mi pecado. El Señor ha actuado con justicia, mientras que yo
Y mi pueblo hemos actuado mal. No voy a detenerlos más tiempo;
Voy a dejarlos ir. Pero rueguen por mí al Señor» (Éxodo 9:27, 28).

LA CONTRICION CONDUCE AL ARREPENTIMIENTO. Este dolor y tristeza por haber pecado se hayan tan íntimamente unidos al arrepen¬timiento, que muchas veces se los considera como parte de él. Pero la palabra arrepentimiento en sí, tanto en su origen hebreo como griego, denota un cambio de rumbo, de actitud, de pensamiento. En la mentalidad hebrea, es cambiar de dirección, en la griega es cambiar de mentalidad. Ambas cosas están relacionadas, pero primero cambiamos de pensamiento, y luego decidimos ir por otro rumbo. Lo importante es que cambiar de opinión afecta las decisiones de la vida.

La tristeza y el dolor por el pecado se relacionan estrechamente con el arre-pentimiento; y así como hay dos clases de tristeza, hay dos clases de arrepen¬timiento: el genuino y el falso. La tristeza inducida por el Espíritu de Dios lleva al arrepentimiento genuino, mientras que la inducida por Satanás con¬duce al falso arrepentimiento. Ambos se parecen tanto, que solo Dios que conoce el corazón y los pensamientos puede saber cual es cual. En otras ocasiones, resulta evidente cual es el genuino y cual el falso, siguiendo el principio mencionado por el Señor de que por sus frutos los conoceréis.

Tal es el caso de faraón en conexión con el éxodo israelita. En el relate bíblico, varias veces se presenta al faraón como una persona arrepentida. Hasta le pidió a Moisés que orara por él y reconoció su pecado de obstinación. Pero después de pensarlo mejor, cambiaba de opinión. Demostraba con ello que su arrepentimiento no era sincero. Si, parecía que era una persona arrepen¬tida, pero sus acciones posteriores revelaban lo contrario, porque el genuino arrepentimiento implica no solo cambio de parecer, sino también de conducta. Lo mismo sucedió con Balaán y con Judas. Parecían arrepentidos, pe¬ro no lo estaban. Satanás es el maestro de la falsificación. Lleva a las perso¬nas a creer que están arrepentidos, pero es un arrepentimiento falso de principio a fin.

lunes, 15 de marzo de 2010

Marzo 15 Tan cerca y tan lejos de la salvación

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El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 15 Tan cerca y tan lejos de la salvación
Judas Iscariote [...] objeto: « ¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobres?» Dijo esto, no porque se interesara por los pobres sino porque [...] como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse
Lo que echaban en ella (Juan 12: 46).

DIOS HA PUESTO EN LOS SERES HUMANOS la conciencia moral, cuya violación produce dolor y quebranto interno. Este mecanismo puede ser anulado mediante una racionalización, que hace que el pecado repetido cauterice la conciencia. Las personas que de este modo insensibilizan su conciencia moral, se colocan fuera del alcance de la misericordia divina y cometen lo que se llama el pecado «imperdonable».

Pero este no fue el caso de Judas. El tenía la oportunidad del perdón, como Pedro la tuvo. La diferencia entre uno y otro fue que Pedro se dejo guiar por el Espíritu de Dios, y su dolor y tristeza se enfocaron en la vergüenza de su acto contra su Amigo y Maestro. Judas, en cambio, se dejo llevar por el enemigo de Dios, y en lugar de concentrarse en su acto vergonzoso hacia Jesús, que lo había tratado con amor y simpatía, se concentre en el castigo que podría venirle por tal infamia. Satanás lo engañó una vez más y lo condujo al suicidio. De esta manera, le robo la gracia del perdón que Jesús pudo darle.

Por más que generaciones posteriores trataron de reivindicar el carácter de Judas, su traición y suicidio lo hicieron imposible. El Evangelio de Judas, descubierto hace unos veinte años, trato de hacer eso. Dice que Judas debería ser considerado un héroe. Por supuesto, ese evangelio no fue escrito por Judas, sino por alguien que creía que, siendo que su traición obtuvo un buen resultado, no deberíamos pensar mal de él. Los que participaron en el complot con¬tra el Hijo de Dios, y no se arrepintieron, tendrán que recibir el castigo que merecen sus acciones. Judas, lamentablemente, fue uno de ellos.

Es triste que Judas, motivado por su egoísmo y avaricia personales, permitiera que Satanás controlara su vida y lo alejara de Jesús. Es el ejemplo clásico de alguien que estuvo tan cerca de la salvación... y la perdió.

domingo, 14 de marzo de 2010

Marzo 14 El ejemplo más triste

Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Marzo 14 El ejemplo más triste

Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado
A Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata
A los jefes de los sacerdotes y a los ancianos. He pecado —les dijo—
Porque he entregado sangre inocente. ¿Y eso a nosotros que nos importa?
—respondieron—. ¡Allá tu! Entonces Judas arrojo el dinero en el santuario y salió de alii. Luego fue y se ahorco (Mateo 27: 35)

TAL VEZ EL EJEMPLO MAS TRISTE en todo el Nuevo Testamento es el caso de Judas Iscariote. Hombre talentoso y educado que se unió a Jesús porque estaba convencido de que era el Mesías, y que pronto establecería su reino. Anhelaba el establecimiento del reino de Dios y deseaba que Jesús lo hiciera rápido y a su manera. Con el paso del tiempo, se dio cuen¬ta de que Jesús se demoraba. Luego llego a la conclusión que era necesario presionar al Maestro para que se viera obligado a actuar con más agresividad. Fue entonces que decidió poner a Jesús en una situación en la que no le quedaría otra opción que actuar.

Como sabia del odio criminal de los dirigentes hacia Jesús, fue a ellos para ofrecerles la oportunidad que buscaban: Hallar un lugar solitario donde aprehender a Jesús. Como también amaba el dinero, no quiso hacerlo gratis. Cobro treinta piezas de plata para entregar a su Maestro. Pensó que sería una ganancia doble, ya que ganaría dinero por algo que los dirigentes judíos nunca podrían hacer, y, por otro lado, obligaría a Jesús a establecer su reino esperado. Pero se asusto cuando vio que Jesús no hizo nada para evitar ser aprehendido. Tampoco hizo nada ante los insultos y las vejaciones. Cuando se dio cuenta de que lo iban a condenar a la pena capital, se lleno de terror y desesperación. Se dio cuenta de que había cometido un error fatal. Bajo la dirección del poder de las tinieblas, que hizo que se enfocara en el castigo, fue llevado a tal grado de dolor y sufrimiento interno, que no pudo hacer otra cosa para hallar descanso que lo que muchos hacen en circunstancias análogas, quitarse la vida. Como dice el apóstol: «La tristeza del mundo produce la muerte* (2 Cor. 7: 10).

Curiosidades bíblicas y mucho mas.... “La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir y obedecer al hombre…” Knox ...