martes, 17 de noviembre de 2009

Noviembre 17 ¿Cabeza o Cola?

Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio. Filipenses 1:12

Poderoso caballero es don Dinero», decía con mucho ingenio el gran literato español Francisco de Quevedo. Otros dichos no tan literarios señalan que «el dinero habla» o que «el que tiene oro manda». Después de la crucifixión de Jesús, hubo una discusión acerca de dónde habría que sepultar su cuerpo. Al respecto, el profeta Isaías decía: «Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca» (Isaías 53: 9). Las cosas sucedieron exactamente como fueron predichas.

En cumplimiento de la profecía, un hombre de mucha influencia, llamado José de Arimatea, se presentó ante Pilato para solicitar el cuerpo de Jesús. Su influencia y re-lación con el prefecto le valieron para lograr lo solicitado, y José colocó el cuerpo sin vida en un sepulcro tallado en la roca para una persona de mucho dinero.

José era una persona muy respetada, miembro del sanedrín, hombre de carácter y muy distinguido. Su posición influyente fue de gran bendición para el cumplimiento de los propósitos divinos. ¡De cuánta bendición son el dinero, la posición social, el presti¬gio y la fama cuando son puestos en las manos de Dios para el progreso de su causa!

Independientemente de nuestra posición social, de nuestra formación o de nues¬tras posibilidades económicas, todos podemos ser influyentes. Conocí a una humilde hermana, llamada Francisca, que era la cocinera del presidente de la República de El Salvador en la década de 1970. Aunque no tenía el dinero de José de Arimatea, era rica en fe. En varias ocasiones llevó al señor presidente y a su esposa a cultos de la iglesia. Lo que nunca pudieron hacer otras personas con ventajas materiales lo hizo esta fiel cocinera.

La Biblia dice que Dios desea que sus hijos sean cabeza y no cola. Dios desea que ejerzamos una poderosa influencia en el lugar donde nos encontremos. Si tenemos lo que tenía José de Arimatea, ¡alabado sea Dios!; si no, podemos hacer como el José del Antiguo Testamento, que aun siendo esclavo influyó en Potifar.

¿Ha servido tu prosperidad para el avance del evangelio? ¿Has usado tus dones y talentos para influir en aquellos que te rodean?

Ora hoy y dile al Señor: «Ayúdame a ejercer una influencia positiva con lo que soy y con lo que tengo —mi lugar de trabajo, mi ciudad, mi país— para el bien del evangelio».

lunes, 16 de noviembre de 2009

Noviembre 16 Un ruego Urgente

Y el Señor haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros.
1 tesalonicenses 3:12


Cuando el apóstol Pablo oraba de esta manera, elevaba un ruego urgente desde lo más profundo de su corazón. ¿Cuál era la razón de esta súplica? ¿Por qué pedía en oración que el amor creciera en el corazón de los cre¬yentes? ¿Qué era lo que estaba en juego? Estaba en juego la demostración de la realidad del poder de Dios en la vida de sus hijos. Jesús describió el impacto que el amor mostrado por su iglesia tiene ante el mundo. Lo hizo con las siguientes palabras: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13: 35).

La marca pública indispensable de un creyente es el amor. Jesús da por sentado que el mundo observa a sus seguidores y que emite un juicio sobre ellos. En los día« del Imperio romano, los creyentes de los primeros siglos ejercieron una poderosa in-> fluencia en cuantos los observaban. Cuando, por su fidelidad a Dios, eran llevados al circo para ser despedazados por las fieras, la multitud que se había congregado para disfrutar de tan cruel espectáculo viendo correr la sangre inocente, quedaba perpleja por lo que sus ojos contemplaban. Entre los sentenciados a muerte se encontraban hombres y mujeres, adultos y niños, jóvenes y ancianos. En el momento en que salían los leones, los cristianos más fuertes corrían hacia los más débiles para protegerlos. Tal muestra de amor silenciaba a muchos, que exclamaban «¡Mirad cómo se aman!» Esa demostración de amor cambió la vida de muchos habitantes del Imperio, que llegaron a ser cristianos.

Justino, uno de los primeros apologistas cristianos, finalmente martirizado hacia el año 165, describió a los creyentes de sus días de la siguiente manera: «Nosotros, que nos aborrecíamos unos a otros, ahora, desde la venida de Cristo, vivimos en familia con ellos, y oramos por nuestros enemigos y procuramos persuadir a los que nos aborrecen injustamente a que vivan en conformidad a los buenos preceptos de Cristo».

Crecer en el amor, indiscutiblemente, lleva a la iglesia a crecer en la evangelización, el cuidado pastoral, el matrimonio y en las relaciones con otras personas, aun con los que se discrepa.

Ora hoy al Señor para que su amor crezca más y más en tu corazón, para que su amor se muestre en tu vida como se muestra en el cielo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Noviembre 15 Se perseverante

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?
    ¿Se tardará en responderles? Lucas 18: 7


No insista! Deje de presionar a Dios. Preséntele una sola vez sus peticiones y deje que él responda». Así se expresaba un predicador en un sermón que escuché en cierta ocasión. Sin embargo, en la parábola de la viuda y el juez injusto, Jesús habla de la necesidad de orar siempre y no desmayar.


 

¿Le causa a Dios alguna molestia que seamos perseverantes en nuestros ruegos? ¿Debemos insistir a la hora de buscar lo que deseamos recibir? Jesús responde de la siguiente manera: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mat. 7: 7). Parece que está claro que Jesús tenía en mente que hay que ser insistentes en el proceso de la oración. Desgraciadamente, hay cristianos bienintencionados que pueden perder fantásticas oportunidades y bendiciones en la vida por el solo hecho de adoptar un papel completamente pasivo en su vida de oración. Muchos creyentes le piden algo a Dios una o dos veces nada más, y luego se sientan y se olvidan completamente del asunto.


 

Hay un elemento vital en la oración que la mayoría de las personas pasan por alto, y es el de la perseverancia. Aunque no "pase" nada, y aunque parezca que Dios tarda en responder, hay que perseverar. Debemos ser perseverantes al orar. ¿Sabías que una de las mayores vetas de oro jamás descubierta en los Estados Unidos se encontró a un escaso metro de donde mineros anteriores habían dejado de excavar? A menudo, los cristianos experimentan el mismo problema: la mayor de las bendiciones de Dios se encuentra un poquito más allá de donde nos rendimos, apenas un poco más allá de donde estamos dispuestos a ir.


 

He tenido la experiencia de orar durante doce años por un problema. Hubo momentos en que me sentí decepcionado. Estaba seguro de que lo que le pedía a Dios en oración era correcto, y estaba convencido de que él habría de responder inmediatamente. No sé por qué demoró tanto tiempo en dar respuesta a mi petición, pero finalmente la bendición llegó: la persona por quien oraba fue liberada de su alcoholismo.


 

Recuerda esta mañana, y a lo largo de todo el día, que Dios siempre está en el proceso de contestar la oración. Insiste en la oración. Al fin y al cabo, si tienes que esperar, siempre será una bendición, porque la oración es el alimento para la vida del Señor Jesucristo dentro de ti.

Curiosidades bíblicas y mucho mas.... “La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir y obedecer al hombre…” Knox ...