Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.
Marzo 13 Ejemplos de contrición
Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzaran (Salmo 32: 6).
CUANDO LA PERSONA angustiada por su pecado esta bajo la influencia divina, descansa en Dios. Cuando esta bajo la influencia del poder de las tinieblas, puede descontrolarse y terminar en el suicidio y la muerte.
Estos dos casos se ilustran vívidamente en las Escrituras. En el primero, tenemos la experiencia por la que paso el apóstol Pedro. El amaba entrañablemente a Jesús, y estaba dispuesto aún a entregar su vida por él. Pero como muchas personas en el mundo, no tenía un concepto claro de sí mismo. Creía que se conocía bien, y pensaba que estaría dispuesto a todo para seguir a Jesús. Pero estaba equivocado. Cuando el Señor, tratando de protegerlo, le revelo un aspecto oculto de su personalidad, no lo acepto. Jesús le dijo: «Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo» (Luc. 22: 31). Simón replico: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte» (vers. 33).
Jesús, trato de convencerlo, le contesto: «Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negaras que me conoces» (vers. 34). Pero Pedro era porfiado. Lo que no sabía era que, aunque no se intimidaba ante la muerte, le tenía un horrendo miedo al ridículo y al escarnio. Esto lo llevo a negar que conociera a Jesús. Cuando se dio cuenta de quien realmente era, su enorme pecado lo agobio y salió corriendo del lugar. Reflexiono en la ignorancia y terquedad que lo llevaron a cometer tan vil pecado. Pensó en el amor de su Maestro, que trataba de librarlo del mal, y el Espíritu de Dios lo llevo de vuelta a Cristo y a la vida.
Así nos sucede a muchos. Necesitamos pasar por una experiencia traumática de dolor y tristeza espirituales para darnos cuenta de lo que somos. Con la ayuda del Espíritu, podemos reencauzar nuestra vida hacia Dios. Co¬mo Pedro, algunas veces tenemos que llorar amargamente por haber hecho algo que ofendió al Dios que nos ama. Ese Dios está todavía allí para ayudarnos a hallar descanso.
Conocimiento, Sabiduría y Ciencia, dones del Señor para cada uno de nosotros. Demandémoslas de Dios, quien es generoso en suplir.
sábado, 13 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
Marzo 12 La contrición

Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.
Marzo 12 La contrición
La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva
a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza
del mundo produce la muerte (2 Corintios 7: 10).
EL SIGUIENTE PASO EN LA DINAMICA de la salvación es lo que los teólogos llaman contrición. Esta se define como el dolor profundo que una persona siente por haber ofendido a Dios. Cuando la fe nos confronta con la persona de un Dios amoroso que quiere ayudarnos a resolver el mal en nosotros, nos sentimos tristes y apenados. Este sentimiento también es producido por el Espíritu de Dios. Es parte del proceso divino para llevarnos a la sanidad espiritual y mental.
La Biblia nos dice que hay dos clases de tristeza. La tristeza según Dios nos lleva a la salvación. Hace que nuestro corazón se duela por haber ofen¬dido a un Dios que nos ama y quiere nuestro bien. Así como nos sentimos mal cuando ofendemos a alguien a quien amamos, así nos duele saber que hemos ofendido a Dios que nos ama tanto.
Pero la tristeza según el mundo la provoca Satanás. Es el mismo senti¬miento que el anterior, pero de signo contrario: no se enfoca en Dios. Se concentra en las consecuencias del mal, con el objeto de traer angustia y desesperación al corazón humano. Hace que las personas desarrollen terror a las consecuencias de su pecado. Dice el apóstol que esta tristeza lleva a la muer¬te. En efecto, cuando este sentimiento de dolor se descontrola, puede llevar a las personas a la perdida de la razón y al suicidio. Frecuentemente oímos de personas que se cortan las venas, se suben a puentes o edificios altos, y se lanzan al vacio, toman dosis elevadas de ciertos medicamentos o dirigen su automóvil a un barranco para poner fin a la angustia mental en la que viven. Muchas de esas situaciones son provocadas por un profundo complejo de culpa que Satanás manipula para el perjuicio de las personas. Sin embargo, el Espíritu Santo nos lleva a Cristo, que nos da alivio y descanso.
Marzo 11 La fe

Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.
Marzo 11 La fe
¡Si creo! —exclamó de inmediato el padre del muchacho—.
¡Ayúdame en mi poca fe! (Marcos 9:24).
EL SEGUNDO PASO EN LA DINAMICA de la salvación, es tener fe en Dios. Como dijimos anteriormente, todos los seres humanos tenemos la capacidad de tener fe (Rom. 12: 3). Nacemos con el don natural de ser capaces de depositar nuestra confianza en algo o en alguien. Dijimos que el reconocimiento de que somos pecadores se basa en la premisa de que creemos en la existencia de un Dios que es justo y que demanda justicia de nosotros. Tenemos, entonces, la opción de depositar nuestra confianza en ese Dios. No somos dejados a la deriva. El Espíritu Santo, que nos dio la convicción de pecado, ahora nos guía a poner nuestra confianza en Dios. Si nos quedáramos solo con la convicción de pecado, entonces corremos un gran riesgo. El enemigo de Dios puede usar esa situación interna nuestra, y exagerarla con la idea de que no hay nada que podamos hacer, a fin de llevarnos a la desesperaci6n y a la ruina.
Pero cuando aceptamos la guía divina, esta dirige nuestra confianza hacia Dios, quien si puede ayudarnos. Así, la fe se fortalece, de modo que aprendemos a tener más y más confianza en Dios, quien tiene la solución para nuestra situación pecaminosa. De ese modo, un don natural como la con¬fianza, se transforma en un don espiritual, que es la fe en Dios.
Hay muchos que deciden no creer en Dios (2 Tes. 3: 2). Deciden creer en sí mismos, en algo o en alguien más. Esto es la perversión de la fe. Por esta razón, somos estafados frecuentemente, o nos frustramos, porque ponemos nuestra confianza en alguien que no es fiel. Dios mismo nos guía para que el objeto de nuestra fe sea el correcto. Así que, el no solo es el autor de la fe, en el sentido que nos ha dado una medida de ella a todos, sino que es el consumador de la fe, porque nos ayuda a dirigir correctamente nuestra fe cuando respondemos a la orientación de su Espíritu. Como dijo el apóstol: «Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe» (Heb. 12: 2).
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