El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.
Abril 19 Frustración o racionalización
Ya no hablare mas con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo. El no tiene ningún dominio sobre mi (Juan 14: 30).
EL PERFECCIONISMO DICE QUE ASI COMO CRISTO vivió una vida sin pecado, también nosotros debemos vivir así; y si no lo hacemos, no podremos entrar en el reino de los cielos. Al hacer esto, coloca sobre los seres humanos una carga que nadie ha podido llevar. El resultado es la frustración y el desencanto, por un lado, o la tergiversación y el autoengaño, por el otro.
Los que aceptan el perfeccionismo, tratan de ser superiores y luchan a brazo partido para vivir sin tacha, solo para darse cuenta que no pueden. Presa de la frustración y el desencanto por no alcanzar la norma que desean y juzgan necesaria, caen en la desesperación, y concluyen que se van a perder, que no podrán ser salvos. La vida cristiana se torna, entonces, en amargura e infelicidad.
Otros, que son frágiles mentalmente como para soportar tal grado de frustración, se auto engañan y concluyen que ya han alcanzado la perfección y santidad. Creen que viven por encima de otros en este mundo, y aun sus actos, abiertamente pecaminosos, son racionalizados como actos de santidad. Las tragedias producidas por sectas como la de David Korés, en nuestros tiempos, y otras como los de la «carne santificada», de tiempos de Elena G. de White, nos hablan tristemente de esta actitud.
Hay perfeccionistas que tergiversan la naturaleza humana de Jesús: Piensan que tenia propensión al pecado, lo que implica, teológicamente, que adopto una naturaleza humana contaminada por el mal. Deducen que Jesús es nuestro modelo porque no cometió pecado a pesar de su inclinación. Así también nosotros, seres caídos y propensos al mal, podemos alcanzar la victoria sobre el pecado y vivir sin pecar. Si Jesús lo hizo, también nosotros podemos, y esto se convierte en una condición para entrar en el reino de Dios. ¿Es bíblica esta idea? La analizare mañana con más detenimiento.

