sábado, 27 de febrero de 2010

Febrero 27 El invento de Satanás



No he venido a llamar a justos sino a pecadores para que se arrepientan (Lucas 5: 32).

ESTE ASUNTO DE TRATAR DE JUSTIFICARSE por obras meritorias no era tan usual en el judaísmo como lo era en el paganismo. Todas las religiones paganas, sin excepción, son religiones que se basan en el me¬mo propio para alcanzar la salvación. Las religiones antiguas que ofrecían sacrificios como parte de su adoración, lo hacían con el propósito de aplacar la ira de sus dioses.

La religión judaica, con el tiempo, se convirtió en una religión que enfatizaba el merito personal para alcanzar el favor de Dios. Notemos: «El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es fundamento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado (El Deseado de todas las gentes, p. 26).

De acuerdo con esa declaración, el principio de la religión basada en el merito tiene varios problemas. En primer lugar, es un invento satánico. En segundo lugar, es un principio que viene del paganismo. En tercero, cuando se lo adopta no hay defensa contra el pecado. Puesto que la presencia de Cristo en el alma es lo que nos ayuda a vencer nuestra naturaleza carnal, cuando creemos que lo podemos hacer con nuestro esfuerzo personal, caemos en un autoengaño. Ante tal situación, la victoria contra el mal es imposible.

Cuando muchos judíos se hicieron cristianos, trajeron consigo esa manera de ver la relación con Dios. De acuerdo al libro de Hechos, había muchos que, educados en ese sistema, veían la religión cristiana desde esa perspectiva. Sin embargo, no era la salvación por obras descarada del paganismo, sino la forma en que los judíos la habían adoptado. Una forma sutil de religión por obras: necesitas tener buenas obras para que Dios te acepte. Esto significaba simplemente: para que Dios te acepte, necesitas tener meritos. Dios le preguntaría a las personas: ¿Donde están tus meritos para que me convenzas que te acepte? De acuerdo a la religión de la Biblia, Dios no pide eso. Quiere que vayamos a él como somos, a fin de limpiarnos y capacitamos para vencer el mal.

viernes, 26 de febrero de 2010

Febrero 26 Fracaso espiritual



Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Febrero 26 Fracaso espiritual
Asi dice el Señor: «¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y oporto su corazón del Señor!»
(Jer. 17:5).

OTRO GRAN RIESGO QUE corre el que busca la justificación por meritos propios, es fracasar en la experiencia cristiana. El apóstol lo puso de esta manera: «¿Que concluiremos? Pues que los gentiles, que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es por la fe. En cambio Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha al¬canzado esa justicia. ¿Por que no? Porque no la buscaron mediante la fe sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así. Por eso tropezaron con la piedra de tropiezo» (Rom. 9: 3032).

Es lamentable que el pueblo de Israel cayera en el fracaso espiritual cuando iban en busca de la justicia. La razón de su fracaso es que, aunque querían justicia, deseaban la justicia de ellos, no la justicia que Dios les prometió. Dios les había prometido la justicia que se alcanza por la fe en Cristo, pero ellos querían la justicia que se alcanza por el merito propio, es decir, con el esfuerzo personal.

El fracaso espiritual es el resultado seguro de buscar una justicia basada en el merito. El éxito en la vida espiritual depende de nuestra relación estrecha con Cristo, una relación que se realiza por fe, es decir, por tener confianza en él. Cuando confiamos en nosotros mismos, entonces el fracaso esta a las puertas. La confianza propia es serial segura de fracaso.

La razón de esto estriba en que nuestra naturaleza es una naturaleza débil y frágil. No tenemos las fuerzas morales para resistir el mal. Podemos resistir algunas cosas, pero el bombardeo del mal es tan persistente que finalmente caemos. Ya hemos mencionado que el apóstol Pablo exclamaba: «¿Quien me librara de este cuerpo mortal?* (Rom. 7: 24). La naturaleza humana contaminada por el mal es impotente para oponerse a este enemigo poderoso. La justificación por la fe implica que colocamos nuestra confianza en lo que Dios puede hacer por nosotros, y no en lo que nosotros podemos hacer con nuestra propia fuerza. Si confiamos en nosotros, fracasaremos espiritualmente como sucedió con Israel.

martes, 23 de febrero de 2010

Febrero 23 Una maldición

Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Febrero 23 Una maldición

Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado
(Calatas 2: 16).

LA SEGUNDA CARACTERISTICA DE LA JUSTIFICACION por la fe, es que es por la fe sola; es decir, solo por fe. Este es uno de los postulados de la Reforma protestante del siglo XVI. Al estudiar la Epístola a los Romanos, Martin Lutero llego a la conclusión de que la justificación se obtiene solo por la fe. Al margen de la palabra fe del texto «el justo vivirá por la fe», escribió la palabra «sola». Llego al convencimiento personal de que somos justificados solo por la fe.

Si recordamos lo que hemos estado considerando acerca del significado bíblico de la fe, diríamos que somos justificados solamente por la fe en Cristo, y nada más.

Frecuentemente, en los escritos de Pablo se opone la justificación por la fe con la justificación por las obras, o, como él lo dice, por las obras de la ley: «Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige» (Rom. 3: 28). «Porque por gratia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no precede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte» (Efe. 2: 8, 9).

Para Pablo, decir que la justificación se podía obtener por las obras de la ley, es decir, obras meritorias, era una violación del evangelio. Esta violación o distorsión del evangelio involucra varios riesgos muy series: el que concluya que la justificación se puede conseguir por obras meritorias, recibe una maldición de Dios. «Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición!* (Gal. 1: 8, 9).

lunes, 22 de febrero de 2010

Febrero 22 La fe es un don de Dios


Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Febrero 22 La fe es un don de Dios

Para el que cree, todo es posible (Marcos 9:23).

NO SE DEBE poner merito en la fe, ya que distorsiona el mensaje del evangelio. Hace que la salvación se base en el merito propio, no en los meritos de Cristo. Es verdad que debemos tener fe, pero esta no debe nunca considerarse un merito.

Digamos que hay una persona que se está ahogando en un rio. Nadie la puede sacar. Lucha desesperadamente por mantenerse a flote, pero es imposible. Cuando está a punto de perder el conocimiento, alguien le extiende una rama para que se aferre a ella. La persona se aferra desesperadamente a la ra¬ma. La llevan a la orilla y le dan los primeros auxilios. Cuando ya esta recuperada, imagínense que exclama: «¡Que bueno soy, porque me aferre de la ra¬ma! ». Eso sería inaudito. Se supone que el merito es de la persona que le arrojo la rama. Así sucede con la concepción de la fe como merito. El merito es de Cristo que nos salvo, no de nosotros que tenemos fe en el. La señora Elena G. de White dijo: «La fe es rendir a Dios las facultades intelectuales, entregarle la mente y la voluntad, y hacer de Cristo la única puerta para entrar en el reino de los cielos* (Fe y obras, p. 24).

Otra consideración que prohíbe que consideremos la fe como un merito es el hecho de que la fe es un don de Dios. Nosotros no tenemos fe por noso¬tros mismos, es decir, no producimos la fe. La recibimos de Dios. Dice el apóstol: «Nadie tenga un concepto de si más alto que el que debe tener, [...] según la medida de fe que Dios le haya dado» (Rom. 12: 3). A todos los seres humanos Dios no ha dado la capacidad de creer. Todos tenemos una medida de fe, es decir, podemos creer. Este don, como todos los dones que Dios da, puede usarse para bien o para mal. Al usar el don de la fe para el bien, el don se fortalece. Así desarrollamos la capacidad de creer en Dios. Esto es lo que quiere decir que Dios aumenta nuestra fe. Pero enorgullecernos de que tenemos fe y atribuirle un valor meritorio, es distorsionar el evangelio de Cristo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Febrero 21 ¿Es la fe merecida?

Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.

Febrero 21 ¿Es la fe merecida?
Jesús se dio vuelta, la vía y le dijo: «¡Animo, hija! Tu fe te ha sanado»
(Mateo 9:22).

LA FE ES TENER FE EN JESUS. Es decir, confiar en una persona, específicamente, en lo que hizo esa persona. Así que la fe no es un mero asentimiento intelectual. Implica depositar nuestra confianza en una perso¬na, lo que requiere una relación personal. Por lo tanto, somos justificados por tener una relación personal de confianza con Cristo.

A veces, cuando leemos la Biblia sin tomar en cuenta su contexto más amplio, podemos concluir que la fe es un mero asentimiento intelectual, solo un ejercicio mental. Jesús dijo a varias personas a las que iba a sanar: «Ten fe». En otra ocasión dijo a sus discípulos: «Si tuviereis fe». Con esto, sin mucha reflexión, podríamos concluir que la fe es solo un ejercicio abstracto de la mente. Pero no es así cuando lo vemos a la luz de lo que afirman los escritos de Pablo.

La cuestión de la fe se complica un poco más cuando le atribuimos a ese ejercicio mental una cualidad meritoria. Es decir, llegamos a pensar que la fe es un merito, porque si no tienes fe, no puedes conseguir lo que quieres. Entonces, la fe se convierte en un merito propio, porque el que tiene la fe es la persona involucrada; por lo tanto, es su merito personal. Este concepto es muy peligroso cuando lo llevamos a la justificación o salvación. Si la fe es un merito personal, entonces somos justificados por tener ese merito. En este caso sería: es por la fe, pero por la fe que yo tengo. Por lo tanto, me salvo por merito propio.

En la Biblia se oponen la salvación por obras y la salvación por fe. La fe es el medio que nos lleva a aferrarnos de Cristo, quien es el que nos salva. La fe no salva; el que salva es Cristo. No se debe poner merito alguno en la fe porque distorsiona el evangelio de Cristo. Notemos: «Es peligroso considerar que la justificación por la fe pone merito en la fe» (Fe y obras, p. 24).

Curiosidades bíblicas y mucho mas.... “La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir y obedecer al hombre…” Knox ...