“La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir
y obedecer al hombre…” Knox (citado por Sepúlveda, 2000)
¿Sabías que la Sra. White nació en un pueblecito insignificante, de padres campesinos, en un tiempo cuando la mujer no tenía mucho valor en la sociedad?
Debido a que la mujer era muy mal valorada, los historiadores, en su mayoría hombres, ignoraban o minimizaban las acciones importantes o heroicas de las mujeres y colocaban pocos registros históricos sobre ellas.
Los colonos ingleses que poblaron norteamérica veían a la mujer como un ser inferior. En esto influyó mucho John Knox, el gran reformador escocés, quien decía que: “La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir y obedecer al hombre… después de la caída y rebelión contra Dios, se le impuso a la mujer una nueva necesidad: se la puso en sujeción al hombre por la sentencia irrevocable de Dios”.
De acuerdo con las creencias populares, el cerebro de las señoritas no crecía lo suficiente como para gastar dinero en educarlo, por eso, las mujeres no recibían educación formal, esto estaba destinada a los hijos varones de la colonia.
Muchas mujeres desafiaron a las autoridades coloniales y abandonaron sus vidas en las colonias inglesas optando por huir al interior de la costa y vivir en comunidades indígenas. Estas, eran reportadas por los historiadores como que habían sido capturadas por los indios. Entre esas mujeres, las cuales se rebelaron contra el estado de cosas, se encontraron Ana Hutchinson, Mary Barrett Dyer, Jemima Wilkinson y otras, quienes desafiaron el poder masculino. Las hazañas de la mayoría de las mujeres que lograron impactar en la historia de los Estados Unidos en los siglos XVII, XVIII y XIX, fueron poco documentadas, o envueltas en montañas de palabras, que finalmente destacaban los logros del sexo masculino.
Durante el siglo XIX, gracias a los cambios provocados por la Revolución Industrial, la mujer pudo desempeñar un papel más activo en la sociedad. Florecieron diversas escuelas para señoritas que luego se transformaron en escuelas superiores o universidades, las cuales comenzaron a preparar las futuras dirigentes de la época.
Fue en ese ambiente en el que Elena de White nació, en la tercera década del siglo XIX, a unos pocos kilómetros de Portland, Maine.
¡Interesante, verdad! ¡Cuan equivocados estaban!
Seven A.
Contigo hasta la eternidad.
Sepúlveda, C. (2000) Elena G. de White, lo que no se contó, Miami: APIA
G.N.B.
