viernes, 4 de septiembre de 2009

Septiembre 2 El Dios que todo lo oye


Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero,
y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él
para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre.
Malaquías 3:16


Aunque leo diariamente la Biblia, nunca había leído cuidadosamente las pala¬bras de nuestro texto de hoy. Tiene muchas connotaciones importantes para los cristianos. Malaquías presenta un mensaje de esperanza y consuelo para los que son fieles a Dios. El profeta alienta a los que se esforzaban por hacer lo correcto con el pensamiento de que Dios anota cuidadosamente y recuerda el servicio consa¬grado de los suyos.

Quisiera detenerme hoy en el concepto del Dios que todo lo oye. ¿Qué deberíamos pensar ante esta realidad? En primer lugar, cuando reconocemos que hay un Dios que escucha absolutamente todo lo que decimos, inmediatamente queda afectado todo lo que expresamos con nuestros labios. Desde la verdad más clara hasta las medias ver¬dades y las inferencias maliciosas. ¿Has dicho algo negativo de tu prójimo? ¿Qué tal la reverencia hacia Dios? ¿Sostienes conversaciones de las que te abstendrías si Dios estuviera presente? ¿Y las reflexiones que llegas a expresar con palabras? Aunque no se oigan, también ellas son "conversaciones" y "palabras" que Dios escucha; somos res¬ponsables de ellas. ¿Son buenas? ¿Hay algún problema en que Dios las escuche? Quizá creas que ha llegado el momento de realizar cambios en tus conversaciones. Hazlos inmediatamente, porque estás al servicio del Dios que todo lo oye.

En segundo lugar, deberías procurar relacionarte con personas que sean temerosas de Dios. De otra manera, ¿cómo podrías andar en «santas y pías conversaciones»? Re¬cuerda que «las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres» (1 Cor. 15: 33). ¿Quiénes son tus amistades? Si buscas a alguien temeroso de Dios para que sea tu amigo, tu esposo, tu novio o tu novia, se evitarás muchos problemas.

En tercer lugar, ten cuidado, porque, al parecer, a veces nuestras palabras se con-vierten en oraciones sin saberlo. Además, nuestras palabras tienen efecto reflejo sobre nosotros. Encima, parece que las palabras del lenguaje humano se prestan más para ex¬presar la mentira que la verdad. Si hablamos mucho, va quedando un residuo de false¬dad del cual no somos conscientes, pero del que somos responsables. ¡Cuánto cuidado deberíamos tener con nuestras palabras! Nuestro Señor dijo: «De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mat. 12: 36).

Procura que todo lo que digas hoy sea digno de que Dios lo escuche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Curiosidades bíblicas y mucho mas.... “La mujer, en su perfección más grande, fue hecha para servir y obedecer al hombre…” Knox ...