Lecturas Devocionales para Adultos
El Manto de su Justicia
L. Eloy Wade C.
Abril 9 Salvación futura
El que no escatimo ni a su propio Hijo, sino que lo entrego por todos
nosotros, ¿Cómo no habrá de darnos generosamente, Junto con él,
todos las cosas? (Romanes 8: 32).
LA BIBLIA deja claro que la salvación debe ser vista como actual, no solo como algo del pasado. La vida cristiana debe ser una vida que rebose de gozo y alegría. Pero el gozo y la felicidad se evaporan ante la inseguridad presente con respecto a la salvación. Esta falta de seguridad trae como resultado inseguridad en el futuro. Muchos cristianos se sienten inseguros con respecto a su salvación futura. Esta inseguridad y falta de confianza hacen que vivan carentes del gozo y la alegría que deben caracterizar la fe. Pero no debiera ser así. Si fuimos salvados por Cristo, quien pago el precio de nuestra redención, si hemos creído en él y hemos sido rescatados del mal, no debemos tener dudas con respecto al futuro. El porvenir debiera ser visto por el cristiano con certeza y confianza.
El aspecto futuro de la salvación es tan importante como lo son el presente y el pasado. Es el futuro el que concreta lo obtenido en el pasado y el presente. Por eso, el énfasis bíblico cae mayormente en este aspecto futuro de la salvación, y de la seguridad que debemos tener: «Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuanta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!» (Rom. 5: 9). «Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con el mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuanta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!» (vers. 10).
La salvación futura se conecta con el pasado y el presente. Como Cristo nos reconcilio con su muerte, y somos justificados por tener fe en ese acto redentor, entonces no tenemos por qué tener desconfianza de nuestra salvación futura, ni navegar en la inseguridad respecto de ella. La expresión paulina «con cuanta más razón», es sencillamente extraordinaria. Refleja la seguridad que Pablo tenía y que deseaba que los cristianos tuvieran. No tenemos por qué estar inseguros de nuestra salvación presente y futura.

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