Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse
de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo,
Según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Hebreos 4: 15
La tentación no tiene favoritos. Todos los seres humanos son su objetivo: hombres y mujeres, adultos y niños, pastores y laicos, casados y solteros. Incluso el Hijo de Dios fue tentado en todas las cosas. Jesús siempre entendió las intenciones del enemigo y nunca permitió que lo apartara de la fidelidad y el amor de su Padre.
Jesús es nuestro ejemplo supremo. El nos ensena como luchar contra la tentación y nos promete el poder para vencerla. Experimento en carne propia lo que significa ser tentado. Se hizo semejante a nosotros, sujeto a las mismas debilidades que nosotros; por lo tanto, entiende perfectamente como nos sentimos bajo el peso de la tentación. Los fieros ataques del enemigo nunca lo vencieron, y pudo decir: «Viene el príncipe de este mundo, y no tiene nada en mi».
La tentación no es pecado, pero si una amenaza. Al luchar contra la tentación debemos recordar algunos principios que nos ayudaran a salir victoriosos:
Primero: No confrontes solo la tentación. Jesús ha prometido estar siempre a tu lado. Mantén a Jesús en tu mente y todo pensamiento pecaminoso huira.
Segundo: Asegúrate de tener siempre puesta la armadura de Dios. Solo venceremos con las armas del Todopoderoso. Las armas son seis:
• El cinturón de la verdad, que es la integridad.
• La coraza de justicia, que es la justicia practicada.
• Las sandalias, que significan el evangelio de la paz, el gozo de sentirse seguro en Cristo.
• El escudo de la fe, que es la firme adhesión a la verdad revelada.
• El yelmo de la salvación, que significa la seguridad de la salvación presente y futura.
• La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
En el cielo se le dará a cada redimido un manto blanco y un arpa. Pero eso será en el cielo. Mientras tanto, aquí se le da una armadura de soldado para el combate, para luchar contra la tentación.
Tercero: Nunca puedes sorprender a Dios. El sabe de antemano que harás, que decisiones tomaras, el pecado que cometerás, y, aun así, te ama.
Vive hoy como un vencedor. Jesús está contigo. En su fuerza serás victorioso. Puedes decir «No» a la tentación porque él está en tu corazón. Ocupa tu lugar como hijo de Dios y reclama su fuerza y su victoria.
Conocimiento, Sabiduría y Ciencia, dones del Señor para cada uno de nosotros. Demandémoslas de Dios, quien es generoso en suplir.
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