¿No decís vosotros: «Aun faltan cuatro meses para que llegue la siega?»
He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
Juan 4: 35
La evangelización es un llamado urgente a recoger una cosecha que ya está madura. Los campos están blancos; ya están listos para la siega. El Espíritu Santo, a través de tantos sermones predicados por labios consagrados de laicos y pasto-res y centenares de estudios bíblicos presentados, ha despertado en muchos corazones el deseo de beber del agua de la vida.
Hay corazones desesperados, almas cansadas —como la samaritana— de ir y venir de forma rutinaria e insensata por el camino de muerte de los placeres de esta vida. Hoy están esperando escuchar una voz que los invite a venir a Jesús para hallar vida, y vida abundante. ¿Cómo podemos ser indiferentes en esta obra de recoger la cosecha?
Al parecer, los discípulos de Jesús creían que el viaje a Samaria era un viaje sin importancia y sin propósito. Fueron a la ciudad como compradores, no como evangelizadores. Cuando regresaron, Jesús les dijo que el ya había comido una comida que ellos no podían comprender. Ellos quedaron confundidos.
¿Cuál es tu parte en la cosecha del mundo? Si los campos están blancos para la siega, tienes que estar listo, con un sentido de urgencia, para recoger el grano antes de que los vientos y las tormentas de la confusión religiosa y de las falsas doctrinas destruyan el fruto. Nunca ha ocurrido que un buen agricultor haya sido indolente a la hora de la cosecha. La cosecha no puede resultarte indiferente tampoco a ti.
La clave está en la urgencia. El mundo se está volviendo hacia Dios. Se levantan miles de iglesias nuevas. Multitudes están volviendo a la fe. La cosecha está madura. Jesús te pregunta hoy: « ¿De verdad te gozas por los que están volviendo a la fe? ¿Te deleitas porque cada hora tienes nuevos hermanos y hermanas en la fe? ¿Se alegra tu corazón por los miles que abandonan el infierno de una vida sin Dios y entran al reino de Cristo? ¿Te complace ver a las multitudes que han encontrado una nueva vida llena de significado?»
Jesús te invita: «Hijo, ven porque te necesito; ven y ayúdame a recoger la cosecha. Levanta tus ojos, estoy esperando a un mundo desesperado para darle esperanza. Preocúpate conmigo por las almas perdidas. Entiende el corazón de mi Padre, quien no quiere "que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento". Ama a todos los que mi Padre ama. Ven, amémoslos juntos». Recuerda que no estás aquí para ir de compras, sino para dar el último mensaje de la misericordia de Dios.
Conocimiento, Sabiduría y Ciencia, dones del Señor para cada uno de nosotros. Demandémoslas de Dios, quien es generoso en suplir.
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